Las balatas van montadas sobre dos soportes semicirculares con forma de luna, que tienen un punto de apoyo común (eje), y otro punto donde va puesta una pieza llamada expansor, el cual al presionar el pedal de freno hace que las balatas se expandan rozando el tambor.
El mayor inconveniente del freno de tambor es su menor capacidad de disipar el calor, producto de la fricción, en comparación con el freno de disco. El calor excesivo hace que el compuesto de las balatas se cristalice, reduciendo la capacidad de frenado, y algunas veces, generando ruidos molestos como chillidos o silbidos.

Con el uso, las balatas se van gastando poco a poco, hasta que el indicador de desgaste llega a su limite.

Algunos indicadores de un mal funcionamiento del freno, son las vibraciones, silvido o chillido dentro del tambor y poca capacidad de frenado.
Si las balatas solo están cristalizadas y no gastadas, una buena limpieza de las misma y el tambor con una brocha y lija serán suficientes para mejorar la capacidad de frenado.